Entrevista a Edmundo Paz Soldán

Alfaguara acaba de publicar Iris la nueva novela de ciencia ficción del escritor boliviano afincado en Estados Unidos Edmundo Paz Soldán. Tuve ocasión entrevistar a Edmundo en el Hotel de las Letras de Madrid con motivo de la promoción del libro.

Aquí os dejo lo que dio de sí nuestro encuentro.
Mi agradecimiento a Edmundo, Pepa Benavent y a la editorial Alfaguara.

entrevista edmundo

Edmundo, eres un escritor prolífico. En España has publicado ya muchos títulos. Aún así, ¿cómo te presentarías al lector español de ciencia ficción que todavía no conoce tu obra?

Soy un escritor que ha trabajado mucho dentro del código realista, pero siempre he tenido un gran respeto y admiración por la ciencia ficción. Si no me animé antes a hacer algo dentro de este género fue por el enorme respeto que le tenía. Nunca me ha gustado tomármelo a la ligera. Para mí la ciencia ficción es un gran género político. La ciencia ficción que me interesa es aquella que habla de ideas políticas. No entiendo por qué existe el concepto, dentro del público en general, de que la ciencia ficción es solo escapismo y entretenimiento. Por otro lado, me interesa mucho el lado más existencial de la ciencia ficción. Dejé el código realista a parte porque me sentía un poco limitado con él para tratar la relación del individuo con el universo. La ciencia ficción es el marco ideal para trabajar estos temas. Optar por este género fue un paso necesario y un compromiso, ya que quiero seguir expandiendo el universo de mi novela Iris.

Iris

Empezaste publicando relatos. ¿Crees que la novela juega con ventaja frente al relato? ¿Por qué crees que el lector prefiere la novela al relato, o es quizás una cosa que han querido inculcarnos las editoriales?

Yo creo que la novela te sirve para crear mundos que parecen autosuficientes. El lector puede entrar en ella y hacer una inmersión total, cosa que con el relato no siempre se consigue. Sin embargo, no pienso que uno sea superior al otro. Todo depende de lo que estás buscando en cada momento. Por ejemplo, ahora mismo estoy escribiendo un libro de cuentos ambientados en Iris que se titula “Las visiones” sobre la estructura social de Iris (que quería seguir explorando) y he pensado que el relato era la extensión perfecta, mucho más adecuado que la novela. Simplemente, cumplen funciones distintas y complementarias. No debería haber competencia entre ambas, aunque las editoriales suelen hacer una apuesta mecánica por la novela. Todo esto se convierte en una profecía autocumplida: no apuestas por el cuento y luego te quejas de que no hay lectores de cuentos porque tú mismo has creado esa sensación de que el cuento no es importante.

Has hecho trabajos de traducción. ¿Cómo es la experiencia de traducir a otro autor?

Antes hice traducciones; ahora, no tanto. Toma mucho tiempo. Traduje “Mucho ruido y pocas nueces” de Shakespeare. Fue un proyecto que me agotó. Me puedo animar a traducir cosas cortas. Suelo traducir mis propios cuentos al inglés para alguna revista, pero en general me resulta agotador y no me anima tanto como escribir novelas.

¿Cómo ves el panorama literario actual en Latinoamérica?

Creo que estamos en un momento muy vital y ecléctico. Se están haciendo muchas cosas interesantes en todo el continente. Una de las cuestiones que más me llama la atención es el trabajo en torno a los géneros populares (horror, policial, ciencia ficción); se está produciendo una hibridación. Una de las constantes en Latinoamérica es la mezcla de scifi y fantasy, algo que ya está presente en los Cuentos de Borges. Es una tradición que se ha seguido aunque de manera un poco intermitente y esporádica. Pero ahora se está recuperando. Hay movimientos muy activos de ciencia ficción y de literatura fantástica en Chile, México y, por supuesto, en Argentina, en donde el género está muy asentado y es como parte de su propio realismo, de su propio ADN.

Dentro del fandom español, la publicación por parte de Alfaguara de una obra abiertamente de ciencia ficción, como es Iris, ha supuesto cierta sorpresa dado que este sello no suele acercarse mucho a este género (aunque en su colección Alfaguara Juvenil tienen algo publicado). ¿Cómo se gestó este pequeño prodigio? ¿Hubo algún recelo por parte de la editorial?

Fue una sorpresa. Por parte de la editorial fueron muy receptivos. Los recelos venían más de mi parte. Estaba un poco preocupado, por lo que al principio les indiqué que se trataba de una novela que coqueteaba con la ciencia ficción. Cuando la leyeron, se dieron cuenta de que no era un simple coqueteo, que se trataba de ciencia ficción pura y dura. En ese momento pensé que me la iban a rechazar, pero, al contrario, fueron muy receptivos, incluso cuando les anuncié que además de esta novela vendría más material sobre Iris, que se trataba de un proyecto mucho más amplio. No hubo dudas por parte de Alfaguara. Me alegró mucho sentirme tan respaldado.

En tu novela Sueños Digitales haces una cierta crítica al entorno tecnológico actual que nos envuelve, ese futuro lejano que ya ha llegado y nos ha atrapado sin darnos cuenta. La eterna pregunta: ¿Nos estamos deshumanizando? ¿La tecnología nos está transformando en otros seres? ¿Ves la presencia de la tecnología como algo negativo o positivo?

Estoy completamente de acuerdo en que las nuevas tecnologías nos están transformando, pero no creo necesariamente que nos estén deshumanizando. Si tomamos un poco de perspectiva, lo que está pasando, cuando sobreviene algún cambio tecnológico importante, es una redefinición de los que entendemos por humanidad. Así, por ejemplo, antes usábamos la mente para memorizar datos y números, algo que ahora preferimos dejar a nuestros móviles y portátiles. De esta forma, nuestras mentes se están ocupando ahora de cuestiones y ocupaciones diferentes. También es cierto que las máquinas se nos han vuelto imprescindibles para muchas cosas. Todavía no somos robots, pero pensar en marcapasos o en tablets es algo natural. Yo creo que hay que ver las nuevas herramientas tecnológicas como extensiones del cuerpo, como decía McLuhan. Solo hay que observar como nuestros hijos se relacionan de forma tan natural y rápida con las nuevas tecnologías. Tienen una capacidad visual y una compresión digital mucho mayor que nosotros. En definitiva, se está redefiniendo el concepto de humanidad. Lo que también es cierto es que nos dejamos seducir rápidamente por las nuevas tecnologías y creo que deberíamos ser un poco más críticos con ellas. Hay que decidir antes qué uso vamos a darlas y no pensar tanto si son negativas o positivas en sí.

En tu novela El Delirio de Turing abarcas el mundo de la criptografía y de los hackers. ¿Julian Assange, Edward Snowden,… ¿héroes o villanos? ¿Qué opinas del reciente escándalo de espionaje de la NSA?

En el caso de Snowden, creo que es más héroe que villano. Por más que el gobierno de Estados Unidos haya querido demonizarlo, creo que lo que ha hecho es un bien para los ciudadanos. Estamos hablando de los preceptos más básicos de la democracia norteamericana en cuanto a la libertad de expresión (aunque haya violado algunos principios de confidencialidad del gobierno). Creo que lo que Snowden ha hecho es revelar los entresijos de lo que Estados Unidos ha estado haciendo desde el 11-S, violando la privacidad de sus propios ciudadanos en aras de la seguridad nacional. En el caso de Assange la cuestión es más complicada, aunque creo que lo que hizo con wikileaks es más positivo que negativo. No obstante, Assange tiene aspectos personales más oscuros que Snowden. Me refiero a sus problemas con la justicia y que tienen que ser investigados. En todo caso, se trata de casos muy diferentes. En cuanto al escándalo de la NSA, creo que todo esto revela lo mucho que todavía es deudor Estados Unidos de los atentados de las torres gemelas. Se trata de una mentalidad paranoica, de desconfianza hacia tus enemigos e incluso hacia tus amigos y aliados. Entran todos en el mismo saco; no hay distinción. Y les va a costar muchos años poder superarlo. La época de Bush fue nefasta, de oscurantismo. Hubo autocensura por parte de los intelectuales para no ser tachados de antipatriotas. Es un imperio que no está acostumbrado a ser atacado y por esta razón les está costando tanto salir de esta situación, que va incluso en contra de algunos de los principios que ellos mismos defienden.

¿Cuáles son tus influencias literarias? ¿Dirías que algún determinado autor ha dejado huella profunda en tu estilo o en tus temas?

Como influencias profundas he tenido dos: Borges y sus Cuentos de ficción, siempre deslumbrantes y que para mí son como un modelo de trabajo, y en la novela, por el tipo de estructura social que describía, siempre me ha interesado mucho la primera obra de Mario Vargas Llosa. También hay autores que te ayudan para cada proyecto. Por ejemplo, para Iris me han servido de mucho las novelas de Dan Simmons de Hyperion, una de las mejores sagas de la ciencia ficción. La creación de mi dios demoníaco Xlött en la novela Iris le debe mucho al personaje de Shrike (El Alcaudón). También fue importante la influencia de la película de ciencia ficción Stalker de Tarkovsky, en donde unos buscadores entran en una zona tóxica. Para mí todo Iris iba a ser esa misma zona contaminada de Stalker, en la que quizás podrías entrar pero de la que te va a costar mucho salir.

Vamos a por tu novela Iris. Se trata de una distopía bélica sobre el colonialismo, la esclavitud, la rebelión, la locura, las drogas, el mesianismo, los desastres de la guerra… dentro de un marco narrativo de ciencia ficción. ¿De dónde surge la idea de esta novela? ¿Tiene alguna correspondencia con la realidad?

Todo parte de un reportaje que leí en la revista Rolling Stone sobre un grupo de soldados norteamericanos psicópatas en Afganistán que comenzaron a matar indiscriminadamente a civiles y luego aparentaban que habían sido atacados. Cuando leí ese artículo me dije: aquí hay una novela. Me interesaba entrar en la mente de estos militares tan jóvenes, de entre 18 y 21 años, que habían sido enviados a Afganistán y que probablemente no sabían muy bien a qué iban ni qué estaban defendiendo. Es posible que algunos ya fueran psicópatas de nacimiento y otros, debido a la presión de la guerra y la violencia, acabasen transformándose. Ese fue el origen de la novela Iris. Pero cuanto más penetré en el estudio de Afganistán e Irak me di cuenta también que no me interesaba hacer una novela realista con investigación documental, que quería hacer algo más libre. Un amigo que sabía de mi interés por el género me sugirió ambientar la historia en Marte. Creo que lo decía más en broma que en serio. La idea me pareció tan disparatada que se me quedó dando vueltas en la cabeza. Sin embargo, pensé que este planeta ya había sido tratado por Ray Bradbury y Philip K. Dick. Así que pensé en otro nombre, en Iris. Luego comencé a desarrollar la historia, el tipo de gente que podría vivir en un lugar así, cómo se relacionarían entre ellos, qué comerían, la flora, la fauna… Poco a poco me fui dando cuenta que me había metido en una cosa grande y a la que había que dar forma y respuesta a todos sus interrogantes. Pero no fue algo premeditado.

¿Lees ciencia ficción habitualmente? ¿Cuáles son los autores y temas de ciencia ficción te interesan más?

Sí leo ciencia ficción habitualmente. Además de los clásicos, como Philip K. Dick y Ray Bradbury o Ballard, hay un autor nuevo que me gusta mucho y es Paolo Bacigalupi. Tiene una gran novela, de lo mejor que he leído, que se llama La chica mecánica y también tiene un libro de cuentos muy interesante, La bomba número seis, publicado por Fantasy. De otros autores más clásicos y poco conocidos me interesa James Tiptree Jr. (seudónimo de Alice Sheldon), una autora que está mal y poco traducida al castellano. Es una escritora que descubrí el año pasado. Empecé a leer a escritores de la nueva ola. Creo que su obra está algo descatalogada. Y es una pena. También me gustan mucho los cuentos de Theodore Sturgeon. Son maravillosos. De hecho estoy ahora escribiendo una colección de cuentos basados en Iris y uno de ellos es un “remake” de un cuento de Sturgeon. Un amigo, al leer Iris, me comentó que le recordaba a una novela de Ursula Le Guin que se titula La mano izquierda de la oscuridad. No había leído esta novela antes de escribir Iris, algo que lamenté ya que posiblemente habría saqueado (risas) y aprovechado alguna de las ideas que ahí aparecen.

¿Vas a seguir publicando ciencia ficción regularmente, o esta novela es solo una escaramuza en tu producción? ¿Cuáles son tus planes de futuro?

Mi próximo libro de cuentos, titulado Las Visiones, está ambientado en Iris, como ya he comentado antes. También tengo otra novela, un proyecto de precuela, sobre el personaje de Reynolds, el jefe de los soldados psicópatas. Es una novela que trata de explicar la forma en cómo este personaje llegó a Iris. Intento desarrollar lo que supone crecer en Iris. Todavía está en estado embrionario; sólo tengo escritas quince páginas. Tengo Iris para rato.

Personalmente considero que la mejor novela de ciencia ficción de todos los tiempos se escribió en Latinoamérica. Me refiero a La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares. Fascinante. Dickiana diez años antes de Dick. ¿Qué autores y qué títulos destacarías de la ciencia ficción que se produce (y se ha producido) en Latinoamérica, y en Bolivia en concreto?

En unos pocos días voy a dar una conferencia en la universidad y una buena parte de mi intervención versará sobre La invención de Morel. Es una novela que enseño regularmente a mis alumnos. La considero una novela perfecta. De hecho, tengo un ensayo publicado al respecto. En cuanto a lo que se ha publicado en Latinoamérica destacaría una novela de Rafael Pinedo que se titula Plop, publicado por Salto de Página, un gran relato postapocalíptico, con una mezcla de fantasía y ciencia ficción, algo típico de Latinoamérica. También hay un autor mexicano, Alberto Chimal, que tiene una novela titulada La torre y el jardín, que todavía no está editada en España y que recomiendo. En cuanto a Bolivia, hay una autora inglesa afincada en nuestro país que se llamada Alison Spedding que tiene un gran libro titulado De cuando en cuando Saturnina.

Eres Guillermo de Baskerville. El malvado Jorge de Burgos ha prendido fuego a la biblioteca y tienes que escapar rápido. ¿Qué libros salvarías y cuáles… dejarías que se quemaran?

(Risas) Si tuviera que salvar un solo libro, salvaría Ficciones de Jorge Luis Borges. En cuanto lo que dejaría quemar… sería mucho de la ficción comercial reciente, pero no digo nombres.

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