Hay varias razones por las que terminamos pronunciando mal algunas palabras en español: influyen la ortografía, la frecuencia de uso, la influencia de otras lenguas y, a veces, dificultades específicas del habla.
Factores del propio idioma
1. En español hay palabras difíciles por su estructura de sonidos. 2. Grupos de consonantes seguidas (como en “transgredir” o “abstracto”) exigen más coordinación de la lengua y los labios. 3. Secuencias de sílabas muy parecidas (por ejemplo en “paralelepípedo”) hacen fácil equivocarse o “enredar” la lengua.
También cuesta más pronunciar bien las palabras que casi nunca usamos, porque no tenemos tanta práctica auditiva ni motora con ellas.
Influencia de la escritura y otros idiomas
Muchas veces leemos antes de haber oído bien una palabra y nos fiamos más de los ojos que del oído, lo que lleva a errores como pronunciar letras mudas o inventar sonidos. Además, cuando se habla otra lengua (inglés, alemán, etc.), se tiende a aplicar sus reglas de pronunciación al español, cambiando vocales, acentos o consonantes, como pronunciar “hay” o “Internet” a la inglesa.
Aspectos culturales y de hábito
En el habla cotidiana se consolidan “barbarismos”, es decir, formas incorrectas que se repiten tanto que parecen normales (por ejemplo confundir sonidos como b/v o j/g en ciertas posiciones). También un menor contacto con la lectura y con modelos de habla cuidada puede favorecer que no se corrijan esos fallos y se transmitan de generación en generación.
Dificultades del aparato fonador
Hay personas que tienen problemas motores o neurológicos para articular bien los sonidos, como en la disartria o en la apraxia del habla, lo que provoca omisiones, sustituciones de sonidos o acentos raros. En otros casos, ciertos fonemas concretos, como la “rr” vibrante, resultan especialmente complejos porque requieren un control fino de la lengua y del flujo de aire.