Dr. Jekyll y Mr. Seek

Roca Editorial anuncia para mediados del próximo mes de enero la novela Dr. Jekyll y Mr. Seek del escritor australiano Anthony O’Neill.

Siete años después de la muerte de Edward Hyde, un elegante caballero aparece por las calles de Londres reclamando que es el Dr. Henry Jekyll. Tan solo el Sr. Utterson, abogado y confidente del Dr. Jekyll sabe que es un impostor, porque Jekyll era Hyde.

Pero mientras este misterioso hombre se va relacionando con la alta sociedad londinense, y va reclamando sus bienes, los cuerpos de sus posibles enemigos van desapareciendo, Utterson comienza a temer por su vida y a cuestionarse su propia cordura.

Una secuela brillante y deliciosa de una de las obras maestras de la literatura que cumple a la perfección como complemento a la historia original que lidiaba con aspectos sobre la dualidad del ser humano, mientras que es esta secuela el autor ahonda en el audaz robo de la identidad.

¿Puede ser que este hombre que parece y actúa tan parecido al Dr. Henry Jekyll sea un realidad un impostor?

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La Feria de las Vanidades

El sello Alba Editorial presenta a finales de noviembre y dentro de su colección Clásica Maior el título clásico La Feria de las Vanidades de William M. Thackeray.

El 15 de junio de 1812 dos jóvenes señoritas, Amelia Sedley y Rebecca Sharp, terminan su educación en la escuela de la señorita Pinkerton en Chiswick Mall y reciben como regalo de despedida un ejemplar del Diccionario de Samuel Johnson.

Lo primero que hace Rebecca es tirarlo por la ventanilla del coche que ha ido a recogerlas, para escándalo de su amiga. Y queda así, esbozado desde el primer capítulo, el carácter de ambas heroínas: Amelia (hija de un agente de bolsa), dulce, modosa, conforme con su destino; Rebecca (huérfana de un pintor del Soho y una corista francesa), arisca, con pocos miramientos, nunca conforme con nada.

Parece que el destino de esta última, sola en el mundo y sin status ni relaciones, será arriesgarse y engañar –la astucia está de su parte−, y el de su amiga, sobreprotegida y cándida, verse expuesta y engañada.

La Feria de las Vanidades (1848) es, como reza su subtítulo, una «novela sin héroe», pero «si esta es una novela sin héroe –dice el narrador−, exijamos que tenga al menos una heroína». Ese mismo narrador, uno de los más espectaculares y divertidos de la historia de la novela universal, parece decantarse por la sufrida Amelia, pero algo nos hace sospechar que sus más íntimas simpatías están con la aventurera Rebecca.

Enfrentadas las dos, en todo caso, a los azares de la vida, del amor y de la Historia −el regreso de Napoleón y la batalla de Waterloo−, que afecta, más a que a nadie, a los «no combatientes», ninguna de ellas escapará a la necesidad de sobreponerse a los reveses y a la adversidad.

William M. Thackeray, afirmó Charlotte Brontë, «es único. No puedo decir más, no diré más».

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