El brazo marchito y otros relatos

Penguin Clásicos reedita a finales del mes de abril el volumen El brazo marchito y otros relatos del poeta y novelista inglés Thomas Hardy.

El brazo marchito y otros relatos introduce al lector en el mundo de uno de los más grandes narradores británicos del siglo XIX. La variedad de registros y tonos, la presencia de casi todos los elementos distintivos de la narrativa de Hardy —sentido del lugar, ironía, concepción pesimista del mundo, solidaridad con el sufrimiento de los humildes—, lo convierten en una especie de antología muy bien destilada de las obsesiones y motivos que desarrolló el escritor a lo largo de su carrera: la muerte como fuerza activa que atraviesa toda la existencia, la fatalidad e impunidad del azar como fuerza incontrolable, la maldad y la tortura y, sobre todo, la percepción de que bajo la superficie del orden moral e histórico de nuestra civilización persisten las huellas de las antiguas mitologías paganas.

Thomas Hardy (1840-1928) publicó catorce novelas, una cincuentena de cuentos y más de mil poemas. Atacado por la insólita crudeza sexual de muchos de sus libros, la falta de entusiasmo, cuando no la hostilidad, con que fue recibida Jude el Oscuro fue determinante en su abandono definitivo de la novela. A partir de 1895 Hardy se entregó de lleno a la poesía. De este modo consiguió el extraño honor de convertirse a la vez en el último novelista británico del XIX y en el primer gran poeta en lengua inglesa del siglo XX. Y la verdad es que, como novelista, y a pesar de mostrarse lúcido testigo de los orígenes de la modernidad, Hardy pertenece más apropiadamente al universo de Balzac, Dickens, Dostoyevski o Galdós que al de Proust, Woolf, Joyce o Kafka.

Los últimos quince años de su vida fueron testigos de un triunfo que le había sido tan esquivo como ahora le fue estrepitoso, y Hardy pudo vivir plenamente la experiencia de convertirse en el Gran Escritor de su tiempo.

Murió en su mansión de Max Gate, cerca de Dorchester, a la que en sus últimos años acudían en peregrinación sus numerosos admiradores, entre los que se contaron R. L. Stevenson, J. M. Barrie, W. B. Yeats, John Cowper Powys, Virginia Woolf, T. E. Lawrence, H. G. Wells, E. M. Forster, George Bernard Shaw, Robert Graves, Ford Madox Ford, Walter de la Mare y Wilfrid Ewart. Sus cenizas se conservan en la abadía de Westminster, pero su corazón le fue extraído y enterrado en el cementerio de la parroquia de Stinsford, junto a los restos de sus dos mujeres.

El brazo marchito y otros relatos

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