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La semilla de la bruja

La editorial Lumen presenta a mediados del mes de enero de 2018 el nuevo y esperado volumen La semilla de la bruja de Margaret Atwood, una novela que aboga por el poder de las palabras y que invita a no olvidar y a creer en la magia de la vida cotidiana.

Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad.

Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

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El cementerio de Praga

El cementerio de PragaEl cementerio de Praga
Umberto Eco
Editorial: Lumen Editorial
Colección: Futura
Traducción de Helena Lozano Miralles
Primera edición: noviembre de 2010
Número de páginas: 592
Precio: 23,90 euros
ISBN: 978-84-264-1868-5
Más info: Random House Mondadori
Más info: El misterio del agente provocador
Más info: Umberto Eco en Wikipedia

Reseña de Jack Moreno:

El escaparate de la tienda del anticuario muestra una gran cantidad de objetos curiosos y sin valor, la mayoría gastados. Antiguos embargos a familias necesitadas. Pero el verdadero oficio de Simon Simonini es el de falsificador, y sus servicios quedan reservados a los pocos que conocen el santo y seña de su puerta falsa. Nuevos testamentos y modificaciones en otros documentos oficiales son sus pedidos más comunes. Simonini es maestro en este arte.

Nació en el Piamonte italiano y después se hizo francés en París, escondiéndose y narrando la historia de su azarosa vida en un diario. Disfruta de la cocina gala mientras injuria a judíos, masones, alemanes y franceses. Tratándose de Eco, la Iglesia también se lleva su parte. El acceso a los buenos manjares y la preparación de los alimentos (esto último incluso mejor que el sexo, afirma) son los hábitos del falso capitán Simon Simonini.

Tiene un alter ego: el abate Dalla Piccola. Cada uno cuenta los recuerdos que el otro parece haber olvidado (o no quiere contar) formando juntos una línea más o menos completa (más o menos cierta) de sus derroteros por la Europa del siglo XIX.

El buen imitador de la caligrafía de los poderosos debe tener contactos en las altas esferas, y Simonini demuestra bastante pericia en estos terrenos poco asentados. Así comienzan a llegar encargos políticos en torno a la figura de Garibaldi. A sus deberes suma también los de espía y asesino. Ya en Francia contacta con la Sureté y se hace con una amplia y pudiente clientela privada que le permiten acomodarse. Napoleón III, la Comuna de París, la guerra francoprusiana, el caso Dreyfus… Simonini está en todas partes.

Pero en realidad el protagonista de El cementerio de Praga es un héroe antipático, misántropo, traidor, truhán en la sombra que nunca da la cara, presto a huir, antisemita, misógino y, sobre todo, un embustero capaz de arruinar la vida de un inocente por una suma suficientemente grande de dinero.

Umberto Eco es un erudito al que le gusta demostrar su condición con interminables catálogos y descripciones que va insertando a lo largo de la trama, en ocasiones despistando un poco al lector entre tantas salsas y especias. En esta ocasión parece que destacan más las referencias culinarias que las literarias. Recupera el estilo del folletín de la época y realiza homenaje a Dumas.

La novela se desarrolla a tres voces: narrador, Simonini y Piccola. El narrador parece mediar entre ambos mientras nos da a entender que Piccola es una especie de voz de la conciencia de Simonini.


Al igual que ocurría con el personaje de Adso en la magnífica El nombre de la Rosa, la lucha contra el recuerdo esquivo y la memoria de las experiencias vividas (algunas de ellas incómodas, heridas sin cerrar) destaca en El cementerio de Praga.

Pero, sobre todo, este es un relato que se centra en la creación del odio hacia lo judío. Un complot por hacer surgir un nuevo enemigo poderoso al que temer: el tesón por convencer a los demás de que de veras se trata un adversario formidable que opera en la oscuridad tramando apoderarse del mundo. La superchería, la difamación, las invenciones, las calumnias, las falsas acusaciones… todo vale con tal de desinformar a la sociedad y manipular su mente con ideas espurias como los falsos Protocolos de los Sabios de Sión.