La chica de al lado de Jack Ketchum

Portada de La chica de al lado

El sello editorial madrileño La biblioteca de Carfax presenta este mes de noviembre la novela La chica de al lado (The Girl Next Door) de Jack Ketchum.

La chica de al lado fue publicada en 1989 y con ella Jack Ketchum revolvió los cimientos de la literatura de terror. Basada en una historia real, el asesinato de Sylvia Likens en 1965, la novela nos cuenta a través de los ojos de su vecino preadolescente David la historia de Meg Loughlin y su hermana Susan.

Ambas se mudan, tras la muerte de sus padres, a casa de Ruth Chandler y sus hijos en el verano de 1958. Lo que parece que va a ser un verano tranquilo dedicado a la pesca de cangrejos, a jugar al béisbol y a acudir a la feria, se torna en una pesadilla de tortura, abusos y violaciones orquestada por Ruth, y en la que terminan participando, en mayor o menor medida, todos los chavales del vecindario.

Ketchum nos coge de la mano y nos adentra en este horror sin permitirnos apartar la mirada, haciéndonos partícipes de la cara más perversa del ser humano y nos deja con los sentimientos a flor de piel y lágrimas en los ojos.

Tal y como dice el escritor Brian Keene en el prólogo de esta edición: «La chica de al lado desafió cada subcategoría existente dentro del género de terror, y al hacerlo se distinguió como algo nuevo, algo diferente. […] no solo echó abajo tropos narrativos y expectaciones del género, los destripó en un búnker antiaéreo y los dejó desangrándose en el suelo. Y en el proceso, dejó a muchos lectores sintiéndose de la misma manera. Los dejó sintiendo.»

Y esa es la clave de esta novela. A pesar de los horrores que relata, nunca lo hace de manera gratuita o desapasionada; el magnífico talento narrativo de Ketchum nos hace sentir, nos hace revolvernos. Hace que la novela se quede con nosotros tiempo después de haberla terminado, nos hace analizarnos a nosotros mismos y al resto de la humanidad y preguntarnos hasta dónde son capaces de llegar las personas, cómo se justifican a sí mismas determinadas acciones y cuánto tardan en plantarse.

Por ello la novela tiene cierta ambigüedad que nos deja con la incomodidad de saber lo que puede conseguir la presión de grupo y los deseos ocultos de cada uno.

En palabras del propio Ketchum en el postfacio de la novela: «Si el libro posee una ambigüedad moral, una tensión moral, es porque se supone que tiene que ser así. Ese es el problema que este chaval tiene que resolver a lo largo de la trama; el problema con su visión de las cosas. Y no estoy demasiado preocupado porque me gustan estas chicas y creo que eso es evidente. No son tan solo víctimas. De alguna manera, sobre todo en la forma en la que se entienden la una a la otra, creo que son bastante heroicas.»

Y ese es el otro punto que hace la novela no sea solo una descripción de atrocidades cometidas contra niñas. Son protagonistas dotadas de una gran dignidad a pesar de lo que sufren, en especial Meg.

La chica de al lado es un auténtico viaje, no es agradable, pero es uno que merece la pena tomar.

La traducción de la novela corre a cargo de María Pérez de San Román.