Cabos sueltos

Cabos sueltos
Rodolfo Martínez
Editorial: Sportula
Colección: Ciclo de Drímar 2
Ilustración de portada de Juan Miguel Aguilera
Diseño de cubierta de Alejandro Terán
Primera edición: septiembre de 2010
Número de páginas: 270
Precio: 13 euros
ISBN: 978-84-937877-3-8
Más info: Sportularium
Más info: Escrito en el agua

Texto de contraportada:

En Cabos sueltos asistimos a tres momentos del universo de Drímar:

Bailando en la oscuridad: Roy Córdal, un detective privado de Neoyorquia, se ve envuelto en un caso de drogas que involucra a los alumnos de un instituto y cuyas repercusiones pueden llegar a lo más alto (Finalista del Premio Asturias Joven de Narrativa 1994).

El robot: La Corporación Cibernética desarrolla un robot con las Leyes Asimov. Córdal será llamado para investigar el crimen, aparentemente imposible, cometido por el robot (Premio Ignotus 1996 al mejor relato).

Este relámpago, esta locura: Un sacerdote con una crisis de fe, un ciberpirata sin inhibiciones, un adolescente que es mucho más de lo que parece… y una orden religiosa que parece haberse propuesto crear su propio dios (Premio Ignotus 2000 a la mejor novela corta).

Con Cabos sueltos, Sportula continúa la recopilación en cuatro volúmenes de la ciencia ficción de Rodolfo Martínez ambientada en Drímar, el universo ficticio con el que Rodolfo se dio a conocer a los aficionados al género en los años noventa.

Publicadas originalmente de un modo disperso —y, en algún caso, inéditas—, esta edición pretende agrupar las distintas narraciones de este ciclo de un modo temático y (allí donde ha sido posible) cronológico.

Con historias que beben del policiaco, el mejor thriller y la ciencia ficción, Rodolfo Martínez sigue dando forma en Cabos sueltos a su escenario de Drímar.

Reseña de Jack Moreno:

Cabos Sueltos es el título del segundo volumen de un total de cuatro —El Carpintero y la lluvia, Cabos sueltos, Jormungand y Bifrost— en donde el escritor asturiano Rodolfo Martínez recopila la obra hasta ahora dispersa de su universo de ciencia ficción de Drímar. Para ello prosigue con su proyecto Sportula de impresión bajo demanda y que inició con su novela El adepto de la reina.

El ciclo de Drímar se extiende a lo largo de un enorme periodo de tiempo que tiene como precedente la profunda crisis política de finales de los años ochenta y la radicalización de la Iglesia Católica a comienzos de los noventa. La Era del Solitario, que arranca en el año 1992, se inicia con disturbios, represiones, guerras civiles y conflictos nucleares. A lo largo de 790 años, este primer periodo está presidido por la llegada de El Solitario y de Robert Álbrez y sus sucesores, y de su unión con la comunidad sayta, una orden escindida de la Iglesia Católica. El feudo de El Solitario comienza a extenderse por Europa y América, colonizando y suprimiendo la barbarie que había aparecido por todas partes. Entre tanto, la Orden de los Soyatus desarrolla en Neoyorquia el primer modelo de robot con las Leyes Asimov.

A este periodo pertenecen los relatos “Bailando en la oscuridad” y “El robot”.

Bailando en la oscuridad: El detective privado Roy Córdal es contratado para investigar el fallecimiento de una alumna por sobredosis de cocaína en un instituto de Neoyorquia. Pese a resultar mucho más fácil introducir droga sintética dentro de los centros de enseñanza de la ciudad, alguien parece muy interesado en captar a nuevos y jóvenes adictos a la coca.

Aunque más acostumbrado a resolver desapariciones, Córdal decide aceptar el caso. Clara parecía una estudiante modelo, pero escondía una doble vida: de noche trabajaba en un club, de bailarina. Toda una serie de extraños asesinatos se van sucediendo en torno a las amistades que tenía la joven colegiala. Córdal observa como el caso se le empieza a ir de las manos cuando todo parece apuntar al mismísimo duque Nicolás Álbrez, un pez demasiado gordo incluso para Córdal.

El Robot: En este relato Rodolfo Martínez rinde homenaje a su idolatrado Isaac Asimov y a sus relatos de robots, a vueltas con los eternos problemas de discernimiento respecto a las tres leyes de robótica. Así pues, el detective Córdal afronta la complicada tarea de introducirse en la mente de un robot con Leyes Asimov que ha cometido un asesinato.

Este relámpago, esta locura: El profesor De Charden recibe el encargo de educar a Karl Kennington, aunque la verdadera intención del Círculo Interno es espiar a este joven superdotado y tenerlo controlado. Martínez elabora una narración a dos voces entre de Charden y Cara, una hacker que se expresa a través de breves recuerdos.

El volumen se completa con el apéndice Una cronología de Drímar.

Cabe destacar la magnífica portada del escritor y dibujante valenciano Juan Miguel Aguilera.

El propio Rodolfo Martínez explica y muestra el proceso creativo de la ilustración en la galería de imágenes de la web de sportularium, comentando los cambios en las distintas versiones.

Muñecos Cósmicos

Muñecos Cósmicos
Philip K. Dick
Editorial: Vértice
Colección: Galaxia nº 46
Traducción de Fernando M. Sesén
Ilustración de Scholler
Primera edición: marzo de 2010
Número de páginas: 224
Precio: descatalogado
Más info: Philip K. Dick Bookshelf
Más info: Philip K. Dick en Wikipedia
Más info: Philip K. Dick Official Site

Reseña de Jack Moreno:

Tras dieciocho años de ausencia, Ted Barton decide volver a Millgate, la ciudad que le vio nacer y que dejó siendo un niño. A pesar del largo tiempo transcurrido desde su partida, no es capaz de recordar nada de lo que observa, asombrado, desde su coche. Aunque reconoce la disposición de las calles y los parques, los nombres de las avenidas y las actividades de los negocios parecen haber cambiado. Todo está ahora más deteriorado, abandonado. Tras consultar a varios peatones y tenderos, nadie acierta a responder a sus preguntas. Nadie le recuerda ni saben de qué está hablando.

En las oficinas de un periódico local accede al archivo histórico y descubre en la sección de estadística una mención al día de su nacimiento y a sus padres, aunque la dirección postal está incorrecta. Un poco más abajo lee la noticia de su propio fallecimiento, a muy temprana edad, por escarlatina. Ted decide quedarse en una pensión para descubrir el misterio que rodea a la ciudad y a sus extraños habitantes.

Philip K. Dick consigue mantener cierta intriga en torno a Millgate hasta bien avanzada la novela. Es entonces cuando Ted Barton comprende que una barrera invisible impide salir a nadie de la urbe. Y también entrar.

Tras ganarse la confianza de Mary Meade y Peter Trilling, unos niños de extraños comportamientos y aficiones, Ted descubre que la bruma de irrealidad que cubre el valle es en realidad un ser inmenso y atemporal que se ha adueñado de la vida de sus habitantes, transformándolo todo. William Christopher, un viejo borrachín, asegurar recordar, al igual que Ted, cómo era todo antes del cambio, hace dieciocho años. Escondido en un destartalado almacén que antes fue un espléndido taller, Christopher ha conseguido construir una máquina capaz de revertir las cosas a su estado original, pero sólo durante unos pocos minutos.

Por todas partes comienzan a aparecer extraños vagabundos que atraviesan paredes, igual que fantasmas. Sombras que recorren la vieja ciudad sin cesar, buscando los caminos que han desaparecido, viviendo en casas que ya no existen.

Dick presenta en esta novela temprana una lucha cósmica entre dos grandes entidades contrapuestas, dentro un ambiente de suspense y aventura en donde mezcla la ciencia-ficción con el terror, todavía bastante influido por autores como A. E. Van Vogh, pero en donde se adivina algunos de los elementos que desarrollará más tarde en novelas como Ubik.

La torre de cristal

La torre de cristal
Robert Silverberg
Editorial: La Factoría de Ideas
Colección: Solaris Ficción nº 135
Traducción de Almudena Romay Cousido
Ilustración de Jim Burns
Primera edición: marzo de 2010
Número de páginas: 320
Precio: 20,95 euros
ISBN: 978-84-9800-536-3
Más info: Robert Silverberg en Wikipedia
Más info: Robert Silverberg en La Tercera Fundación

Texto de Contraportada:

Corre el siglo XXIII. La sociedad, tecnológicamente muy avanzada, ha explorado el espacio exterior, pero no se ha encontrado vida inteligente. Ahora, desde una estrella en Acuario, llega una señal persistente. Hay una voz en el vacío del espacio… y la obsesión de Simeon Krug es responder a ella. Krug es un agresivo empresario muy astuto amasando dinero, y ha usado todo lo que posee para construir una torre que se alza en el Ártico canadiense. Cuando esté terminada, apuntará a Acuario y él podrá establecer contacto. En la torre trabaja una raza de androides que Krug, inventor incansable, ha fabricado. Y estos lo idolatran. Pero Krug es un soñador excéntrico, y solo piensa en terminar la torre y en su momento de gloria, sin saber que es Dios para sus androides… ¡y que un Dios nunca debe fallarles a sus criaturas!

Reseña de Jack Moreno:

Simeon Krug quiere levantar la más colosal torre de comunicaciones nunca antes construida para poder hablar con las estrellas. La reciente e indescifrable señal recibida desde el espacio profundo, que se repite a intervalos regulares y sin ningún sentido matemático, supone un formidable desafío que está dispuesto a vencer. Pero para poder superar la enorme distancia que separa la Tierra de la galaxia emisora es necesario montar en la cúspide de la enorme aguja un poderoso rayo de taquiones. La exorbitante empresa, de coste casi incalculable, será sufragada gracias al magnífico imperio tecnológico de fabricación de androides del que es propietario Krug.

El descenso de la natalidad (Silverberg expone la idea del darwinismo social), el progreso de los anticonceptivos y la falta de mano de obra explican el gran éxito en la venta de androides, ahora más necesarios que nunca para la humanidad (y para Krug en su faraónica empresa).

La convivencia entre humanos y androides es cordial y pacífica aunque existe una clara segregación social entre los nacidos de un vientre y los nacidos de una cuba. Una tercera casta es la formada por los octógenos: aquellos gestados fuera del vientre humano, aunque a partir de óvulos y esperma naturales. Los androides, divididos en categorías —alfas, betas y gammas— según sus habilidades y conocimientos, mantiene un estatus de trabajadores esclavos al servicio de los humanos y propiedad privada de ellos.

La religión androide levantada en torno a la figura de Krug, dios todopoderoso, que promulga la liberación a través del trabajo y la oración, comienza a tambalearse con la aparición de un partido político agitador y violento que persigue la igualdad entre androides y humanos.

Manuel, el heredero del imperio, un tanto distante de los proyectos y las ambiciones de su padre, es atraído por los androides para que conozca la verdadera realidad de su existencia. Así descubre la sociedad de los gammas con fallos de diseño. Escondidos en barrios apartados, sobreviven intentando superar sus enfermedades y adicciones. El joven Krug comprende la humanidad de las creaciones de su progenitor: en la sociedad androide todos tienen su sitio, todos son respetados y nadie es excluido a pesar de sus imperfecciones.

La torre de cristal aborda varios temas presentes en la novela DADOES de Philip K. Dick y en la propia película Blade Runner de sir Ridley Scott como son el hecho de que los androides demuestran en su comportamiento ser más humanos que los propios humanos. El descubrimiento de la naturaleza cruel del demiurgo o los conceptos marxistas de alienación y conciencia de clase también se dan cita en esta magnífica novela de Robert Silverberg.

Estación Hawksbill

Estación Hawksbill
Robert Silverberg
Editorial: Plaza & Janés Editores
Colección: Mundos Imaginarios nº 9
Traducción de Antonio Prado
Colección dirigida por Marcial Souto
Presentación de Frederik Pohl
Primera edición: junio de 2000
Número de páginas: 223
Precio: descatalogado
ISBN: 978-84-01-01371-3
Más info: Robert Silverberg en Wikipedia

Texto de Contraportada:

En las primeras décadas del siglo XXI se instala en Estados Unidos un gobierno autoritario que secuestra a los disidentes y los mete en la cárcel secreta de mayor seguridad de todos los tiempos: el pasado remoto. Usando una nueva tecnología que permite trasladar objetos y seres vivos por el tiempo, las autoridades crean en el período cámbrico, a mil millones de años de nosotros, la Estación Hawksbill, una penitenciaría sin rejas pero cercada por un paisaje rocoso, inhóspito y monótono, y por mares en los que abundan primitivas formas de vida. En ese mundo gris, lo único que anima a los presos es la llegada de nuevos compañeros con noticias de un futuro cada vez más borroso y lejano.

Reseña de Jack Moreno:

El escritor y editor Frederik Pohl es el encargado de presentar esta novela que califica como perteneciente a la ciencia ficción política, una rama propia y natural del género pero que no siempre ha sido bien aceptada por los foráneos, siendo las más célebres de estas obras expoliadas y enviadas a otras estanterías más nobles.

Estación Hawksbill fue publicada como relato en la revista Galaxy Sciencie Fiction en 1967; se amplió y editó como novela un año después por el sello Doubleday.

Jim Barrett es el amo y señor de la Estación Hawksbill. En realidad, lo es de todo lo que le rodea, del planeta entero. Barrett es un preso político condenado a cadena perpetua y recluido en una cárcel distante en millones de años, un penal sin guardias ni alambradas, situado en una época prehistórica, en el periodo cámbrico. Formado por unas ochenta chozas, cerca de ciento cuarenta presos comparten una existencia vacía, olvidados por el resto de la sociedad.

“Arriba” es la realidad, la vida; Hawksbill es la irrealidad, la nada. Arrebatados de su tiempo, deportados hasta una fecha perdida, la llegada de nuevos presos es el gran acontecimiento que todos esperan: noticias sobre el mundo que ya nunca más volverán a ver.

Silverberg, que no se detiene mucho a explicar el funcionamiento de la máquina del tiempo, ni cómo pudo ser construida la compleja instalación que permite los viajes (siempre hacia atrás), se centra en describir el drama de unas personas que han sido asesinadas en vida sólo por defender sus ideas políticas. Presos de conciencia, enemigos peligrosos de los gobiernos más totalitarios que imponen el peor castigo para ellos.

Los viejos ideales revolucionarios, la lucha sindical y la utopía socialista han dejado paso a la enfermedad mental, que poco a poco se ha ido apoderando de los habitantes de la estación. Así, Ned Altman ha decidido fabricarse una mujer de barro con la esperanza de que algún día un rayo le insufle vida. Don Latimer, en cambio, consume toda su energía en encontrar un puerto extrasensorial para huir del cautiverio… Mientras no supongan un peligro para los demás, sus sueños son respetados por los que todavía conservan algo de cordura.

Barrett, ya en el ocaso de su vida, rememora su temprana actividad política junto a Jack Bernstein, el hombre que le traicionó y precipitó su encarcelamiento.

La llegada de un nuevo interno, Lew Hanh, pone en alerta a casi toda la comunidad. Hanh no es como los demás: no habla de política, no entra en debate, no discute ni se cuestiona nada; sólo observa a su alrededor. Barrett, imponiendo su autoridad dentro del campo, ordena su vigilancia. ¿Será un espía del gobierno? ¿Un asesino? ¿Un loco? Si Hanh destruye la máquina, las autoridades dejarán de enviar los escasos pero valiosos suministros que lanza a intervalos regulares. Sería el fin para la ya de por sí precaria Estación Hawksbill.

Silverberg no hace sino denunciar la ausencia de los principios básicos del estado de derecho que todavía hoy son pisoteados en muchos lugares —arrestos ilegales, procesos sumarios, torturas, desapariciones— dentro de una novela breve, ágil y muy recomendable.